domingo, 26 de febrero de 2012

CRÓNICA DE LA PRESENTACIÓN de "El carnaval de los sueños rotos" de Christian Furquet

Como ya os comenté el otro día, el jueves de esta semana había de nuevo presentación de libro en Salamanca y tenía muchas ganas de acudir a ella.

Algo antes de la hora (y menos mal, porque la sala se llenó y no había sitio) Sarah de "Yo soy bibliófila" y yo nos encontrábamos en la Sala Ateneo hojeando el libro.

Tuvimos el placer además de volver a coincidir con Gloria S. de Castro, a la que conocimos en el mes de Noviembre en la presentación de su propio libro: "19, Clark Street", que era la persona encargada de presentar el evento. Junto a ella en la mesa teníamos a Christian Furquet y a su amigo Luis.
Tomó la palabra Gloria, que nos hizo una breve introducción de la Editorial Atlantis, de su trayectoria y sus objetivos. Posteriormente a esto nos presentó "El carnaval de los sueños rotos", explicándonos que está organizada en dos partes. La primera comprende 38 capítulos, lleva por título "Estados de ánimo" y es la parte más intensa, donde vamos conociendo uno a uno a los personajes hasta que confluyen en el bar Ninotchka (el nombre Ninotchka es conocido por la película de Greta Garbo del mismo título de 1939).

A través de la técnica de flashback conocemos la vida y experiencias de cada uno de los personajes. Gloria nos los presenta a todos dejándonos con la miel en los labios y alicientándonos para que seamos nosotros los que descubramos el resto.

Cede la palabra a Luis, archivero, historiador y amigo de toda la vida del escritor. Visiblemente emocionado nos regala una breve biografía de Christian, relatándonos como éste desde pequeño sintió aficción por la literatura y siempre pedía a los Reyes Magos libros de "El barco de vapor" o "Teo" entre otros.

Nos cuenta también como con 16 años escribió su primera novela: "Dulce soledad" y posteriormente "Estudios de un ángel" y "Canívales y diamantes". Además con "Caperucita para voyeurs" ganó en 2008 el Concurso de Cuentos Eróticos patrocinado por Lucía Etxebarría.
Christian, por último, nos define su libro como una novela coral de corte intimista. Nos explica que utilizó varios relatos cortos y cuentos que tenía escritos y los fue añadiendo poco a poco.
La idea surgió de escuchar historias y de utilizar como inspiración vivencias de otras personas.
Los capítulos son cortos, adaptados al ritmo de hoy en día, para permitirnos leer de forma rápida en el autobús, el metro, antes de ir a dormir...

Nos adelanta que está embarcado en otra novela de la que, aunque aún es pronto para hablar, nos dice que trata de tres personas que prefieren esconder antes que mostrarse como son.

Finalizó el evento con varios agradecimientos y se pasó al turno de preguntas, en el que uno de los asistentes menciona el universo de Proust y plantea si ha habido alguna influencia de este autor en su obra.

Christian indica que ha sido una fuente de inspiración siempre para él (de hecho en su libro aparece una frase de este autor al principio) y que "hablar de Proust es hablar de la vida", recomendándonos a todos leer alguna de sus obras. Nos cuenta una anécdota de cómo hace dos años estuvo en París en su tumba y le dejó una magdalena pidiéndole suerte. Viéndole allí, vemos que la petición fue concedida.

Para aquellos que no sepan la relación de Marcel Proust con las magdalenas, os cuento que él iba con frecuencia a la casa de sus tíos en Illers (el pueblo de su padre), aunque posteriormente tuvo que dejar de ir debido a sus crisis asmáticas y lo consideró un paraíso perdido. Actualmente se llama Illers-Combray y es un lugar al cual van los turistas a comprar una taza de té y una magdalena para recordar el famoso pasaje de "Por el camino de Swann" (1913), primera parte de "En busca del tiempo perdido".
Hacía ya muchos años que no existía para mí de Combray más que el escenario y el drama del momento de acostarme, cuando un día de invierno, al volver a casa, mi madre, viendo que yo tenía frío, me propuso que tomara, en contra de mi costumbre, una taza de té. Primero dije que no, pero luego, sin saber por qué, volví de mi acuerdo. Mandó mi madre por uno de esos bollos, cortos y abultados, que llama magdalenas, que parece que tienen por molde una valva de concha de peregrino. Y muy pronto, abrumado por el triste día que había pasado y por la perspectiva de otro tan melancólico por venir, me llevé a los labios una cucharada de té en el que había echado un trozo de magdalena. Pero en el mismo instante en que aquel trago, con las migas del bollo, tocó mi paladar, me estremecí, fija mi atención en algo extraordinario que ocurría en mi interior. Un placer delicioso me invadió, me aisló, sin noción de lo que lo causaba. Y él me convirtió las vicisitudes de la vida en indiferentes, sus desastres en inofensivos y su brevedad en ilusoria, todo del mismo modo que opera el amor, llenándose de una esencia preciosa; pero, mejor dicho, esa esencia no es que estuviera en mí, es que era yo mismo. Dejé de sentirme mediocre, contingente y mortal. ¿De dónde podría venirme aquella alegría tan fuerte? Me daba cuenta de que iba unida al sabor del té y del bollo, pero le excedía en mucho, y no debía de ser de la misma naturaleza. ¿De dónde venía y qué significaba?
Por último pasamos a la firma de libros (Sarah y yo ya tenemos los nuestros dedicados) y para finalizar hubo un ágape que tenían preparado para el público. Fue una presentación amena y entretenida, con su toque divertido.
Si queréis una lectura ágil, que os muestre personajes de hoy en día, rabiosamente actuales, con vivencias y sentimientos intensos, "El carnaval de los sueños rotos" es una buena apuesta.

2 comentarios:

  1. Un gran reencuentro brujilla¡¡¡ me encantó verte, veros, hasta la próxima, besos

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